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        Con el nombre de Los pinares de Fortanete designamos un espacio natural de gran valor ecológico y paisajístico.

        Por la situación geográfica de las sierras del Alto Maestrazgo turolense la vegetación está condicionada por un clima de montaña mediterránea aunque también encontramos plantas de origen eurosiberiano y endemismos iberoafricanos.
        Las principales formaciones forestales de Fortanete y municipios limítrofes están condicionadas por la altitud que diferencia distintos pisos de vegetación y material bajo.
        Además, en los claros de bosque entre 900 y 1.450 metros de altitud, nos encontramos un amplio grupo de plantas aromáticas: tomillo, espliego, salvia y santolina o manzanilla borde.
        Acompañando a los pinares característicos entre 1.450 y 1.550 metros observamos el “Bujo” o boj y el enebro no faltando en el estrato arbustivo el guillomo o villomera, el espenillo y el bizcodero o majuelo. También endrinos, pudio y ononis, avellano, tilo, tajo y acebo.  
        A partir de 1.550 metros de altitud junto a los bosques característicos de pino silvestre y sabina rastrera o chaparra se aprecia los enebros comunes.
        El paisaje vegetal de estas serranías se corona a casi 2.000 metros de altura en el Monegro de Valdelinares con el “estoico” pino moro o pino negro adaptado a las condiciones climáticas más extremas.
 
FAUNA TERRESTRE
 
        El ambiente característico de los pinares constituye un buen refugio para numerosas especies de animales que, a veces, comparte hábitat con áreas más humanizadas, campos de labor y prados.
        Pequeños herbívoros como el lirón careto y las ardillas emblemáticas de nuestros pinares. El conejo y la liebre en zonas arbustivas y parajes abiertos, el jabalí con gran movilidad espacial en zonas forestales alejado de la presencia humana y dejando siempre sus “huellas” en charcas y troncos. Y, cómo no, la estrella de la fauna terrestre del Maestrazgo: la cabra hispánica.
        Entre los mamíferos depredadores: el zorro arropado por el tejón o “tajugo”, la comadreja o “paniquesa”, la garduña y la gineta, difíciles de localizar pero con abundantes rastros que delatan su presencia.
 
AVES
 
        La avifauna es rica, variada y diversa. El “turcazo” (paloma torcaz) es la columbiforme más característica, cuyo hábitat natural es el pinar, bosquetes y claros del monte. Por otro lado, son también apreciadas piezas de caza, las comunes perdiz roja y codorniz, en este caso más vinculadas a espacios abiertos, eriales y cultivos.
        Los córvidos más habituales son la urraca, aquí llamada “garza”, el cuervo, el arrendajo, la grajilla y la chova piquirroja o “graja”.
        Como especies de la avifauna más característica de nuestros pinares se pueden citar además el cuco, el pico picapinos, el piquituerto, el alcaudón real, el petirrojo, el zorzal, el verderón o “verderol”, el herrerillo capuchino, la abubilla, la bisbita, el pinzón, el mirlo, etc. Mención especial merecen el carbonero garrapinos y el carbonero común por su importante labor fitosanitaria en la medida en que son unos eficaces predadores de la procesionaria del pino y contribuyen al control natural de esta plaga, especialmente en los pinares de laricio.
        Entre las aves rapaces situadas en el vértice de la pirámide ecológica cabe diferenciar dos grupos en función de sus hábitos. Las diurnas están representadas por el azor (o azorejo), el gavilán, el milano real, el ratonero común, el cernícalo, el alcotán y el águila perdicera. En los limpios cielos de estas sierras se recorta con frecuencia también la silueta del buitre leonado, que instala sus buitreras en elevados cantiles rocosos alejados de la vista de los hombres. Por otro lado, entre las rapaces nocturnas podemos citar como más frecuentes el búho real, el autillo, la lechuza y el mochuelo. También el cárabo o “carbo”, “el más fiero cazador de la noche” según lo describía Félix Rodríguez de la Fuente, que, con su extraño canto nocturno que parece emitir desde las profundidades del bosque, ha dado más de un susto a algún incauto despistado que transitaba después de la puesta de sol por los caminos que surcan nuestros montes.
 
REPTILES
 
        Como especies de reptiles características de estos espacios naturales cabe citar la lagartija cenicienta, la lagartija roquera y el lagarto ocelado entre otros. Pero, sin duda, es el escurzón o víbora hocicuda (Vípera latasti) el más conocido y temido por las gentes de estas sierras, ya que su mordedura venenosa puede llegar a ser mortal para una persona si no recibe pronto asistencia sanitaria. Por estas tierras habita también una curiosidad zoológica, la gripia o eslizón ibérico (Chalcides bedriagaí) un lagarto pequeño, que llega a alcanzar unos 16 cm. de longitud y es considerado como un endemismo de la Península Ibérica. Por el color grisáceo de su piel algunos que creen haberlo visto dicen que es “como una lagartija pero de plata”. Lo cierto es que la creencia popular le ha dotado de un halo de misterio y miedo en la suposición de que es muy venenosa, aunque realmente no lo es. Dice el refrán popular: “Si la gripia viera y el escurzón oyera no habría nadie en el mundo que viviera”.
 
INSECTOS
 
        Gran diversidad posee también en estas serranías el mundo de los insectos. Sin entrar en un extenso abanico de órdenes y especies, se puede citar simbólicamente una mariposa que resalta por su hermosura: nos referimos a la Graelsia isabellae, que habita en los pinares albares de estas latitudes.