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     Estas tierras, sus valles y montañas, ya fueron habitadas desde la Prehistoria como lo atestigua los restos de sílex trabajados por el hombre paleolítico hallados en la zona.
     La Edad de Bronce, la Época Ibérica y los restos de una villa romana en las inmediaciones del actual emplazamiento del pueblo aportan vestigios de presencia humana en este territorio.


     El origen histórico del pueblo de Fortanete hunde sus raíces en la Edad Media; en el año 1202 Pedro II, rey de Aragón, donó el
Castillo y villa de Fortanete a la orden del Hospital de San Juan de Jerusalén pasando a formar parte de la Bailía de Aliaga.


     Fue Tierra de Fronteras bajo la jurisdicción sanjuanista durante la etapa de reconquista del reino moro de Valencia (siglo XIII).
     En los siglos siguientes, ya cristianos, se consolidó un sistema señorial, de corte feudal, basado en la explotación agropecuaria del territorio, donde la trashumancia ganadera tuvo una gran importancia. De esa época datan ya las primeras
masadas, un modelo de poblamiento disperso idóneo para un territorio tan amplio como éste.

LA EPOCA DE ESPLENDOR Y PATRIMONIO MONUMENTAL

     Los siglos XVI y XVII representan para Fortanete periodos de prosperidad económica reflejada en la arquitectura urbana: la Casa Consistorial (s. XVI) y la  Iglesia Parroquial (s. XVII), así como varias casas solariegas, ermitas y otras edificaciones civiles que completan un magnífico patrimonio monumental.


     Fue época de crecimiento demográfico y expansión urbana trasladándose el eje de la vida cotidiana desde el caserío medieval amurallado en las faldas del castillo hacia el entorno de la plaza de la
iglesia y el ayuntamiento.
     La riqueza ganadera permitió el desarrollo de una manufactura textil de la lana muy apreciada en las vecinas tierras de Levante y Cataluña.

ETAPA CONTEMPORANEA, TIEMPO DE CONFLICTOS

      A partir del siglo XVIII se produjo un fuerte incremento de la población, lo que obligó a roturar nuevas tierras de labor en detrimento de los aprovechamientos ganaderos, creciendo el número de masadas y masicos.
     Con el siglo XIX se inicia un periodo de convulsiones políticas y sociales.  El momento de máxima virulencia tuvo lugar con las
guerras carlistas cuando Fortanete estuvo largos periodos de tiempo bajo la influencia de las partidas carlistas del Maestrazgo comandadas por el general Ramón Cabrera.
     Es a finales del siglo XIX cuando Fortanete alcanza, con más de 1700 almas, su máximo histórico de población.


     En las primeras décadas del siglo XX desaparecen los últimos vestigios de la manufactura textil de Fortanete cerrando los últimos telares.
     Durante la guerra civil el frente se estableció en las proximidades de Teruel quedando el Maestrazgo inmerso en una sangrienta batalla hasta que, en la primavera de 1938, cedió la resistencia republicana y las tropas franquistas cayeron en avalancha sobre la zona a la búsqueda de la línea del Ebro.
     En el Maestrazgo, el fin de  las guerras fratricidas no acabó con el conflicto civil, ya que en las montañas situaron sus campamentos los guerrilleros resistentes al nuevo régimen conocidos como maquis.


     Los sabotajes, represalias y acciones de propaganda de los maquis fueron contestados por las contrapartidas de la Guardia Civil que obligó al abandono de las masías (donde los guerrilleros encontraban apoyo logístico e intendencia) y reprimió las acciones poniendo fin definitivo al maquis a principios de la década de los '50.


     Entre  1950 y 1980 se produjo un imparable proceso emigratorio: una economía agraria capitalista y la floreciente industria en torno a las grandes ciudades acabó por vaciar el Maestrazgo de sus gentes que emprendieron camino hacia Cataluña y Valencia. Fortanete quedó con dos centenares de vecinos.


     El vaciamiento silencioso del Maestrazgo hasta la frontera del siglo XXI tuvo el precioso efecto de preservar el patrimonio arquitectónico de sus villas. Esta magnífica paradoja de la vida ha sido la base sobre la que se ha reconstruido la espléndida oferta turística de naturaleza e historia que atrae al visitante.