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        El Maestrazgo guarda en su despensa un gran legado que tiene su principal apoyo en una gastronomía conservadora y tradicional enormemente ligada a sus gentes, a sus recursos y a su climatología. Su carta de presentación viene en forma de carnes, quesos y una inmejorable y arraigada repostería, entre otros.

        El ganado predominante, fuente importantísima para interpretar la cocina del Maestrazgo, se centra en el cordero y en el cerdo, dos especies que más que adaptadas, están integradas en el paisaje de esta comarca. Éstos sirven como base para elaborar platos fuertes, aprovechando prácticamente todo el animal.

        Los quesos son otro de los pilares fundamentales en el Maeztrazgo, con referencias tan universales como puedan ser los de Tronchón, que se elaboran con leche de cabra y de oveja. Su transformación sigue siendo totalmente artesanal y muchos de los pueblos que forman la zona elaboran sus propias piezas.

        Además de excelentes cárnicos y acreditados quesos, una de las principales características del Maestrazgo llega a la mesa con el postre. Tan conocida es la repostería de esta zona fronteriza con Levante que buena parte del turismo la adquiere como el más sabroso souvenir. Aquí también se refleja la tradición, ya que en su elaboración se recogen antiguas recetas, incluso del pasado árabe.

         Vinos, que también los hay, aceites, aguas minerales, agricultura ecológica, exquisitas y preciadas trufas, y otros productos nacen en el Maestrazgo para entrar a formar parte del legado coquinario de la zona.